Parroquia de San José de los Pocitos

    Diócesis de Aguascalientes México

Subcategorías

  • Dios, rico en misericordia (Lc 15,1-3.11-32)

    Meditación Dominical

    Las tres “parábolas de la misericordia” –la oveja perdida, la dracma perdida y el hijo pródigo- se agrupan en este capítulo XV de Lucas, porque tienen en común revelarnos la alegría que se produce en el cielo –se entiende en Dios- por la conversión de un pecador. Las dos primeras tienen una conclusión que resulta incomprensible a la lógica humana: “Hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión” (Lc 15,7.10). Es la lógica divina que consiste en la misericordia y la gratuidad. En la parábola del hijo pródigo, que leemos en este IV Domingo de Cuaresma, la conclusión, repetida a modo de estribillo, insiste en lo mismo: “Celebremos una fiesta, porque este hijo mio (este hermano tuyo) estaba muertoy ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado” (Lc 15,24.32).

    Para comprender la misericordia divina es necesario haberla experimentado. San Pablo, que la experimentó abundantemente, la reconoce admirado: “Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó juntamente con Cristo –por gracia habéis sido salvados- y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús” (Ef 2,4-6). Este proceder de Dios con los “muertos a causa del pecado” se explica porque él es “rico en misericordia”. Pero él nos mostró “la sobreabundante riqueza de su gracia en Cristo Jesús” (Ef 2,8). El Evangelio de hoy nos ofrece esa muestra. Allí está expresada esta verdad no en una formulación general, como hace San Pablo, sino de manera viva, en el proceder de Jesús, y de manera dramatizada, en sus parábolas. Por eso es importante observar la circunstancia en que expone estas parábolas.

    “Todos los publicanos y pecadores se acercaban a él para oírlo, y los fariseos y escribas murmuraban diciendo: ‘Éste acoge a los pecadores y come con ellos’”. ¡Bendita murmuración que nos describe tan exactamente la conducta de Jesús! ¿Quién no se siente consolado al escuchar, de boca de sus opositores, que él “acoge a los pecadores”?. Cada uno conoce su pecado y sabe que, si Jesús no acogiera a los pecadores, estaríamos irremediablemente perdidos. El Evangelio dice que “todos” los publicamos y pecadores se acercaban a Jesús. El evangelista incurre en esta aparente exageración para insinuar que “todos” somos pecadores y necesitados de salvación: “Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios” (Rom 3,23).

    En la parábola del hijo pródigo es evidente que el hijo menor ha pecado contra el padre y lo reconoce: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Este es el caso de los publicanos y pecadores que se acercaban a Jesús. El hijo mayor, en cambio, no se reconoce pecador: “Jamás dejé de cumplir una orden tuya”. Él critica al padre que acoge al hermano pecador; él está en la situación de los fariseos que murmuran contra Jesús. Esta es la actitud que San Pablo se reprocha de haber tenido antes de su encuentro con Cristo: “En cuanto a la ley, fariseo... en cuanto a la justicia de la ley, intachable” (Fil 3,5.6). Pero, después que experimentó la misericordia de Dios, considera esa conducta anterior y se define “el primero de los pecadores” (1Tim 1,15). En este sentido el hermano mayor es más pecador que el menor. En efecto, éste con su conversión da al padre más alegría que aquél con su cumplimiento. Ese cumplimiento se revela calculador, frío y carente de amor hacia el padre. El cumplimiento solo no salva, sólo “el amor cubre multitud de pecados” (1Pet 4,8).

    Felipe Bacarreza Rodriguez 
    Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)

  • San Ludgero

    Santo del dia

    San Ludgero, primer obispo de Münster, nació hacia el 745 en Suescnon, Frisia.Hijo de Thiadgrim y Liafburg, quienes eran unos ricos frisios de descendencia noble. Fue un misionero de frisios y sajones, fundador de la abadía de Werden y el primer obispo de Münster en Westfalia.En 753 vio a San Bonifacio, el que le causó una profunda impresión. Fue enviado a la escuela de la Catedral de Utrecht en el año 756.En medio de la creciente tensión entre anglosajones y frisios regresó a casa en el año 772.Después de la ordenación sacerdotal, que recibió en Colonia en 777, Ludgero se dedicó a la evangelización de la región pagana de Frisia, en donde san Bonifacio había sufrido el martirio.Escapó junto a un grupo de misioneros en 784, ya que en esas épocas estaban quemando iglesias y alabando a dioses paganos. Un año después visita Roma, donde fue recibido por el Papa Adrián I, quien le dió la bendición. Fue enviado como misionero a diferentes distritos del río Lauwers, allí destruyó los restos del paganismo.Ludgero construyó un monasterio, que luego tomaría el nombre de Münster. Construyó una capilla en honor a la Virgen María y varias iglesias. Construyó una casa para su hermana San Gerbugis, quien se había consagrado a Dios. Varias mujeres se unieron a ella y luego formarían el primer monasterio en Westfalia.El 30 de marzo de 805, a petición de Carlomagno, Ludgero recibió la consagración episcopal. Destinaba todo el dinero que recibía para la ornamentación de sus iglesias en limosna, y es por ello que era criticado.Murió la noche del Domingo de pasión de 809 en compañía de sus seguidores.

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