Parroquia de San José de los Pocitos

    Diócesis de Aguascalientes México

  • Adoramos a Dios Uno y Trino (Jn 16,12-15)

    Meditación Dominical

    Este domingo, en que celebramos el misterio de la Santísima Trinidad, que es el más central de nuestra fe, nos detendremos en una afirmación hecha por Jesús en la última cena con sus apóstoles: “Todo lo que tiene el Padre es mio”.

    Esta no es una afirmación aislada de Jesús. En su oración al Padre, a quien llama “el Dios verdadero”, la repite, esta vez, en ambos sentidos: “Todo lo mio es tuyo y todo lo tuyo es mio” (Jn 17,10). El Padre es Dios, y ningún hombre, en su sano juicio, puede hacer esa afirmación. Ya Adán y Eva quisieron ser como dioses y bien sabemos en qué acabó esa pretensión absurda. La afirmación de Jesús la puede hacer un hombre en su sano juicio sólo si ese hombre es, al mismo tiempo, Dios; y no un Dios distinto, sino el mismo y único Dios verdadero. Si se tratara de dos dioses distintos, cada uno tendría algo que el otro no tiene y entonces la afirmación de Jesús no sería verdad. En este caso, ninguno de los dos sería el Dios infinito, pues a éste no le falta nada. La afirmación de Jesús es la revelación de su identidad. Los cristianos la profesamos en el Credo de nuestra fe, diciendo: “Creo en Jesucristo... Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”.

    Jesús es el mismo Dios que es el Padre. Pero Jesús no es el Padre. Esto es posible, sólo si Jesús es el Hijo, “engendrado, no creado, de la misma sustancia que el Padre”. El Padre concibe al Hijo como una Palabra en la cual se expresa exhaustivamente. Así es como el Padre y el Hijo son dos Personas distintas, pero ambas poseen plenamente la misma divinidad, son el mismo Dios.

    Jesús hizo la afirmación que estamos comentando en el contexto de una promesa del Espíritu Santo, a quien llama “el Espíritu de la verdad”, pues –dice- “os guiará hasta la verdad completa”. ¿Cómo cumplirá esta misión el Espíritu? Jesús responde: “Recibirá de lo mio y os lo anunciará a vosotros”. Esto lo dice así para asegurar que el Espíritu no revelará cosas nuevas; ya está todo revelado por Jesús. El Espíritu hará que eso mismo entre en los corazones de los hombres como una convicción de fe profunda. Por eso el Espíritu puede decir: “Todo lo que tiene el Hijo es mio”. Si algo que tiene el Hijo no lo tuviera también el Espíritu, entonces nosotros no tendríamos la revelación plena, el Espíritu no nos conduciría hacia la verdad completa.

    Si Jesús dice: “Todo lo que tiene el Padre es mio”, y el Espíritu dice: “Todo lo que tiene el Hijo es mio”, entonces esas tres Personas distintas son las tres el mismo y único Dios verdadero. La revelación de la verdad que nos salva parte del Padre, es anunciada por el Hijo y entra en el corazón del hombre haciéndose vida por acción del Espíritu Santo.

    Nosotros confesamos tres Personas distintas de única naturaleza divina e iguales entre sí. Este es el misterio de la Trinidad que contemplamos hoy. En este domingo debemos recordar que nuestro destino final es gozar del Dios Uno y Trino por toda la eternidad. Para esto hemos sido creados.

    Felipe Bacarreza Rodriguez
    Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)

  • Beata María Teresa Scherer

    Santo del dia

    María Teresa Scherer nació el 31 de octubre de 1825 en Meggen (Lago de los Cuatro Cantones, Suiza), bautizada con el nombre de Ana María Catalina. Era la cuarta de siete hijos. A los siete años quedó huérfana de padre y fue a vivir con unos parientes, que le dieron una sana educación cristiana. En los tiempos libres se ocupaba de los trabajos de la casa y del campo.A petición de su madre entró en el hospital cantonal de Lucerna para completar su preparación doméstica a la edad de 16 años. Después tuvo que ocuparse también de los pobres y los enfermos. Fue admitida en la Tercera Orden de san Francisco y en la congregación de Hijas de María a los 17 años. Durante una peregrinación a Einsiedein se sintió llamada a la vida religiosa. El 1 de marzo de 1845 ingresó en el instituto de las Religiosas Enseñantes, que había fundado hacía poco el capuchino P. Teodosio Florentini. En el otoño de aquel mismo año hizo los primeros votos. Un año después fue enviada a Baar y luego a Oberägeri, como profesora y superiora en ambas comunidades. Fue un período de dudas y dificultades, que superó con una ascesis austera y la obediencia a su director espiritual. El año 1850 el P. Teodoro la llamó a Näfels, para que guiase el hospicio de los pobres y huérfanos. Ese mismo año el P. Teodosio fundó en Coira un pequeño hospital y encomendó a María Teresa su dirección. Ella aceptó, convencida de que el carisma del fundador abarcaba el aspecto escolar-educativo y el caritativoEl año 1856 las Religiosas Enseñantes se separaron del fundador para continuar su apostolado educativo independientemente. Sor María Teresa sufrió mucho por ello: oró, se aconsejó y finalmente comprendió que Dios deseaba se ocupase en el futuro de las obras de misericordia espirituales y corporales. En 1857 fue elegida superiora general de las «Religiosas al servicio de la escuela y de los pobres». Al lado del P. Teodosio guió el instituto de las Religiosas de la Caridad de la Santa Cruz, que se desarrolló rápidamente. A Ingenbohl llegaban continuamente peticiones, solicitando religiosas para que se ocuparan de los pobres y los huérfanos, del servicio en casas de corrección y lazaretos: eran tareas arduas, pero estaban en sintonía con el pensamiento de la madre María Teresa. Abrió hospitales y escuelas especializadas para inválidos, pero no le gustaba ver a las religiosas como responsables de empresas. Por ello se crearon tensiones con el fundador. De todas formas, estaba persuadida de que la intención del P. Teodosio era resolver la cuestión obrera con justicia y solidaridad, por lo que le ayudó todo lo posible, y a cuyo espíritu permaneció fiel aun después de su muerte, acaecida el 15 de febrero de 1865. Recibió no sólo su herencia espiritual sino también la material, teniendo que trabajar ella y sus hermanas durante años para saldar las deudas que había contraído el P. Teodosio en su apostolado social. Luchó por salvar las constituciones que había dado al instituto el P. Teodosio, aun a costa de oponerse al celo reformador de sus sucesores. La madre María Teresa era la regla viviente, pero pocos años antes de su muerte fue criticada por el modo de guiar la congregación y de observar la pobreza. Fue calumniada y soportó grandes sufrimientos físicos, que no le impidieron realizar numerosos viajes para animar a sus hijas y orientarlas a vivir según el espíritu del fundador. Falleció el 16 de junio de 1888 en el convento de Ingenbohl. Ya formaban parte del instituto 1.689 religiosas.Recursos sobre la Beata María Teresa Scherer:Homilía de San Juan Pablo II en la Misa de Beatificación de María Teresa Scherer.

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